He sido presentada de mil maneras, por mucha gente, pero de su boca han salido las palabras que me han ennoblecido ante todos.
Todo tiene tiene su correcta cronología, primero fui novia para poder ser esposa, saltar en lugar de caminar deja un sabor amargo; fui llamada esposa mucho antes de dibujar mi firma en aquel libro llevado por el hombre que hizo la pregunta más importante: Acepta de manera libre casarse?, sin embargo luego de ese momento me senti aún mas orgullosa y con mucha más autoridad.
Visintando a las personas que vieron nacer y crecer este gran amor, recordé el sobrenombre con el cual me traían a su memoria antes de conocer mi nombre y saber quien era yo... la muchacha del carrito amarillo...
Llegabamos a aquella casa, la mansión de dos pisos, bajamos del carrito amarillo, pasabamos frente a ellos y sonreía de manera amable y ellos correspondían; entrabamos a la habitación, morada de amor, pasión, desenfreno, locura, palabras de aliento, apoyo y confesiones.
Ahora charlamos tranquilamente, presentamos al fruto de los encuentros de dulzura, reimos y pasamos gratos momentos con la dueña de la mansión.
Saber que ahora la muchacha del carrito amarillo es la reina y señora de su vida...
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